¿Qué implica diagnosticar en Psiquiatría infantil?

En esta parte del trabajo, el doctor R. Gittelman de Nueva York, vocero para la parte infantil del DSM III R, autor del tercer texto presentado por los estadounidenses en el congreso de París en 1984, será un interlocutor importante.

Él no dice que la psiquiatría en el caso de los niños sea igual que la de los adultos, pero si aclara que la filosofía del Manual, con respecto a los niños y adolescentes, es la misma.

Niños y adolescentes están, por definición, en un cambio constante, y por esa razón es evidente que los criterios de diagnóstico puramente descriptivos van a ser frecuentemente insuficientes para la comprensión del cuadro clínico. Mas lo que el paido-psiquiatra ve, lo que importa es lo que está ocurriendo en su psiquismo y las potencialidades evolutivas del niño que tiene ante sí. El rigor descriptivo del DSM lo transforma en una escala conductual y la ubicación de los síntomas o la descripción de las conductas no permite captar la capacidad de evolución, que suele ser muy diferente de la evidencia conductual, ya que estas conductas no son generalmente especificadas. Esto se relaciona con la difícil delimitación entre normalidad y patología, porque lo normal en ciertas etapas no lo es en otras. Solo los casos extremos son más o menos claros y la certeza que intenta dar la agrupación sindromática del Manual puede ser muy engañosa.

Estos son justamente algunos de los problemas más graves porque “es intención del manual que todas las categorías incluidas reflejen patología. Sin embargo, la definición de psicopatología no tiene patrones definidos exactamente (clearcut standards). Esto es verdad en todas las edades, pero especialmente en la infancia…” (Gittelman, 1984). Aclara también que si lo que buscamos es la descripción o clasificación de las variaciones asociadas con el desarrollo, y deseamos comprender las teorías sobre la psicopatología de las primeras etapas de la vida y del desarrollo de la personalidad, el DSM nos va a decepcionar porque no ha sido creado como un instrumento para un mejor conocimiento de la evolución metal de los niños, lo cual es válido. Pero yo quiero enfatizar esta difícil frontera entre variaciones del desarrollo y patología, algo que hay que tener siempre presente al emitir un diagnóstico. Dicho, en otros términos, el DSM no alcanza para diagnosticar muchos casos, sobre todo los menos graves, los confusos o los que están en el campo del desarrollo y sus problemáticas. Además, insisto en algo señalado antes: nuestra función es asesorar también en problemas que no presentan patología, para ayudar a superar los malestares y conflictos “de la vida”, de la crianza, del cambio.

Las definiciones utilizadas en los diagnostico cambian mucho el número de casos que englobamos bajo un determinado rótulo, y lo más importante es que modifican el esquema referencial que va a regir nuestras actitudes clínicas.

Podemos afirmar que es un campo difícil, recordemos también que desde la propuesta de revisión del DMS-III varios de los trastornos de la infancia habían sido objeto de tales controversias, y acabaron por ser aceptados no por consenso, como hubiera sido deseable, sino por votación, o sea solamente por la mayoría, aunque el consenso es uno de los objetivos explícito del Manual desde su mismo origen (DMS.III-R, p. XXV).

Tengamos en cuenta, además, que por su enorme difusión este enfoque puede conducir a la homogeneización de criterios entre las nuevas generaciones, que no han conocido otra cosa en su formación, y que, si tienen dificultades en su aplicación y en tomarlo como guía para sus actitudes terapéuticas, pueden creer que es solo una falta de ajuste lo que ahí aparece y que habrá que esperar la próxima versión. Lo que quiero mostrar es que no es un problema de ajuste: hay fundamentos en los criterios que son erróneos, nos confunden, o, que resultan superficiales y poco exhaustivos.

Conforme a los niños, se tiene que enfatizar que es totalmente diferente diagnosticar un adulto que, a un menor, ya que ellos aún se encuentran en su desarrollo cognitivo, por ende, la presencia de cierta sintomatología no resulta del todo precisa para diagnosticarlos y llegar a encasillarlos de por vida, esto a menos que, sea muy notoria y, aun así, esto no debe de fungir un papel para limitarlos. Existen personas diagnosticadas a una edad temprana por la presencia de algún trastorno o síndrome, y no me malentiendan, definitivamente un diagnóstico temprano mejora, con el abordaje adecuado, el pronóstico; pero resulta importante mencionar que la condición con la que vive una persona no define toda su vida. Debemos, como profesionales de la salud mental, considerar que una gran parte del individuo no está reflejada en un Manual y con esto nos referimos a la parte funcional y subjetiva, no descrita en dicho manual; la profesión de un personal de la salud especializado en el estudio de la mente, no solo es encasillar los aspectos que dañan la vivencia de la persona, sino englobar y hacer énfasis en los que no lo son, ya que con esto también se debe trabajar, con las partes diferentes que no menciona el DSM.

Referencias.

  • Jerusalinsky, S. F.-A. (2011). EL LIBRO NEGRO DE LA PSICOPATOLOGÍA CONTEMPORÁNEA. Mexico: Grupo Editorial Siglo Veintiuno XXI

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